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La edición digital de Subastas Siglo XXI pone a su disposición en esta nueva sección las entrevistas y reportajes realizados durante estos diez años a los principales artistas que han desfilado por las páginas de nuestra revista. Artistas jóvenes, consagrados, pujantes o de vanguardia que Subastas Siglo XXI ha querido dar a conocer en este tiempo y que en buena parte gozan ahora del reconocimiento de la crítica, de galeristas, inversores y coleccionistas. Artistas que figuraban en su mayor parte en nuestra sección impresa de “el estudio y su pintor” y que ahora les ofrecemos ordenados alfabéticamente y desde nuestros primeros números hasta el más actual en esta nueva sección de “Artistas del Siglo XXI”.
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Ángel Uranga: pinturas con experimentación |
| Quizá la nota más evidente en la pintura de Ángel Uranga es que el espectador avisado percibe
inmediatamente que está ante la obra de un investigador del arte. Cualquier pincelada, color, textura, forma
parte de un lenguaje propio largamente sedimentado en su particular “taller” interior de ideas y conceptos
que configuran su visión del universo que habita. No es casualidad, por tanto, su obsesión por la
arquitectura y el espacio. Es como si quisiera tomarle las medidas exactas a todo lo que le circunda. Uranga
es un sacerdote de su oficio que convierte en rito cada movimiento que aleja o aproxima al final deseado.
Para él tan importante es el resultado final como el camino de elaboración de la obra. Nada le es ajeno y
todo lo contextualiza buscando la respuesta final a todo proceso de creación artística. |
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| Antonio Guijarro: la insatisfacción entusiasta |
| Cuando un artista alcanza su plenitud creativa, el reto está en no repetirse y en continuar buscando
nuevas formas de expresión que alimenten la insatisfacción creadora. Antonio Guijarro es un claro
ejemplo de vocación artística y de originalidad pictórica. Su obra está presente en numerosos museos
nacionales e internacionales y en las principales colecciones particulares. Él la define como “la cara y la
cruz de una moneda que vamos gastando a lo largo de nuestra vida, unas veces con dolor, y otras con
placer...” Y, sin duda, con una técnica depuradísima que supo ver el profesor Camón Aznar cuando
reconocía “la habilidad de su sistema de detener los volúmenes, de cortar las superficies y dejar
flotantes las siluetas, armonizando los tonos, para que el cuadro forme un bloque melódico”. |
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| Arsenia Tenorio |
| Si a la vida y a la obra conviene aplicarle coherencia para que sea definitoria, y sobre todo rentable,
Arsenia Tenorio le hace un brindis al sol y apuesta por ella misma, ajena a corrientes,
modas y tendencias. Practica una rebeldía inocente, generosa y solidaria en la que la independencia
se alza sobre la envidia y la zancadilla cotidiana. Su obra goza de gran aceptación y está representada
en importantes museos y colecciones privadas. |
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| Aurelio Calderón |
| Sólo cuando nunca se ejercita un sentimiento se es verdaderamente ajeno a él. Por eso Aurelio
Calderón yerra cuando asegura que la envidia le llevó a ser pintor. Cuenta que a los cinco años tuvo
su primera aproximación a la pintura de visita al estudio de un pintor, acompañando a su padre.
En el bachillerato volvió a reencontrarse con la misma sensación anterior al contemplar la obra
de un pintor en una plaza urbana. Poco después, ya con la inquietud en el alma, tuvo el privilegio
de visitar el estudio de Gutiérrez Solana y conocer al artista poco antes de su muerte. Y cumplidos
los 16 años el descubrimiento de Pancho Cossío pintando el coro de la Iglesia de los Padres Carmelitas
en Madrid, fue el detonante definitivo de lo que serían para siempre sus señas de identidad.
Queda claro que Aurelio Calderón llama envidia a algo para lo que estaba predestinado. |
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| Cándido Monge |
| A Cándido Monge le gusta definirse como escultor de sueños, emociones y sentimientos, y lo cierto es que
su obra participa de todo ello. Con más de trescientas obras realizadas se ha impuesto como reto
“conseguir traspasar y trascender mis sentimientos a un trozo de hierro, uniendo la fantasía y la realidad e
invitando a interpretar e implicarse a los que la contemplan motivando la identificación o la discrepancia” |
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| Carmen del Berro: “Pinto para, con y sin el corazón” |
| Hay artistas a los que se les adivina el sexo en la primera pincelada. Y es el caso de Carmen del Berro.
Su sensibilidad, sentido de la estética y de la belleza se muestran rotundos en toda su obra y transmiten
una feminidad evidente. Para ella la pintura no sólo es “la mejor forma de gastar el tiempo” sino también
“su alma, sueños, frustraciones, anhelos y todo trasladado a un papel o a un lienzo”. Por eso su vocación
artística nació del deseo de decir algo que no podía expresar con palabras. De los recuerdos del Faro
de Ayamonte, que daba vueltas y vueltas intermitentes y la iluminaba de niña, un solo instante.
Y en ese tiempo detenido, atrapado de infancia, inatrapable ya, Carmen del Berro era “todo luz”. |
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| Castrortega |
| Castrortega ha hecho de su nombre y de su obra un acrónimo. Ha juntado letras, sensaciones,
vivencias e inquietudes y, convenientemente mezcladas y tamizadas de estudio y reflexión, las ha
trasladado al lienzo, al grabado y a la escultura, para acabar sacando de ellas la savia necesaria para
alimentar la tarea cotidiana. Eso le ha convertido en un artista fuerte por dentro y rotundo por fuera. Su
obra atrae o rechaza, pero nunca deja indiferente. Y él lo sabe y lo potencia. |
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| Chus García-Fraile: la estética de lo inútil |
| Su firme voluntad de innovación y de búsqueda permanente de nuevas formas de expresión,
apoyada en una sólida formación artística y en una visión original del entorno, hacen de esta joven
pintora madrileña una apuesta a tener en cuenta por los coleccionistas. |
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| Cristina Duclos: El realismo apacible |
| A Cristina Duclos le apasionan los grandes maestros del impresionismo y del siglo XX, como Monet,
Toulousse Lautrec, Picasso, Matisse o Chagall, aunque haya sabido desprenderse de su poderosa
influencia manteniendo intacta su independencia artística. Su obra, por tanto, circula con recorrido
propio. El impresionismo y el color han sido, pues, los dos grandes referentes de esta artista que
apuesta abiertamente por el color como “algo inevitable en una obra de arte”. |
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| Daniel Quintero: El realismo crítico |
| Daniel Quintero descubrió la pintura de niño, al comprobar que sólo el dibujo le permitía concentrarse en
algo a fondo y al mismo tiempo le evadía de las situaciones que no le agradaban. Creó así un mundo propio,
una burbuja que le aislaba y protegía de todo lo que no le era grato. Y así sigue, interpretando la pintura no
sólo como una profesión irrenunciable, como un modo de vida, sino también como un ámbito de intimidad
en el que a veces se siente a gusto “gozando de cierto éxtasis y otras quiero salir huyendo”. |
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| David Morago: Un nombre a tener en cuenta |
| Cuando se crece entre pinceles y el olor inconfundible de la pintura en el óleo se pega a la piel,
es imposible sustraerse a la tentación de seguir el camino de tus mayores.
Y eso le ha ocurrido a David Morago, que ha visto desde que ha nacido a su padre y a su abuelo
afanarse frente al caballete creando figuras, formas y colores. |
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| Eduardo Roldán |
| A Eduardo Roldán le ha perdido siempre el corazón y por eso lo tiene dañado. Tanto en su vida como
en su obra, los latidos, los impulsos, las emociones, lo han presidido todo hasta el punto de que
enfrentarse a un lienzo en blanco siempre ha sido para él un desgarro de difícil recuperación. Hoy,
octogenario y desde la última vuelta del camino, sólo pinta cuando quiere, sin presiones, sin intereses
ni intenciones, y no añora nada, no envidia nada y únicamente pretende mantener una coherencia
personal que le ha llevado a desencuentros e incomprensiones que ya ni siquiera le interesa confesar. |
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| Emilio Prieto |
| Emilio Prieto era como los gitanos de Lorca, caminaba por el monte solo y pertenecía a una especie
de pintores que, sin adscripción a la nómina oficial ni a los artistas bendecidos por la crítica al uso,
gozaba de una gran aceptación entre los coleccionistas e inversores. Era de los pocos artistas
que podía presumir de tener el récord de que un importante empresario español contara
en su reconocida colección con doscientas obras suyas. |
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| Ernesto Knörr: equilibrio, gravedad, tensión, movimiento… |
| Lo verdaderamente singular y definitorio de la obra de Ernesto Knörr es el cruce de estilos
y corrientes artísticas que se intuye en ella y la rotundidad con la que sale indemne y reforzado.
Con mirada atenta y ojo avisado se puede sentir la presencia de Lobo, Oteiza, Palazuelo, Chillida,
Chirino, José Luis Sánchez, pero ninguno invade ni anula el espacio creador de Knörr, al contrario,
lo complementan. Es evidente, pues, que ha bebido de muchas fuentes, como todo autodidacta,
pero ha sabido encontrar su equilibrio estético y mantener una propuesta personal que sabe que
es compleja, pero que superada tiene el valor infinito de la satisfacción interior. |
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| Estartús: la sencillez sintética del mensaje |
| Para Estartús (Jaime Mestres Estartús, Barcelona, 1949) pintar y vivir es la misma tarea, el mismo afán.
No hay barreras en esa unión indisoluble que tiene “una determinación genética”. Cree firmemente
que el artista nace, no se hace, aunque “el grado de habilidad para la ejecución de una obra sí puede
ser enriquecido o madurado por una formación artística o intelectual más o menos académica”. Por
eso no es casualidad que a los tres años comenzara su aventura pictórica garabateando las paredes del
domicilio familiar y que su regalo favorito fueran las cajas de lápices y tizas, que le proveían con ternura
femenina sus abuelas materna y paterna. |
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| Esteve Casanoves |
| Los vínculos artísticos de Esteve Casanoves (Lluçanès, Barcelona, 1953) están en Barcelona, en México
y en París. En la primera ciudad vive y trabaja. En México D.F. da conferencias y clases en la Facultad de Bellas
Artes, edita grabados y participa en exposiciones. En París, a temporadas, hace alguna edición de fotos,
alguna exposición, ve arte, compra libros y pasea. |
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| Euprepio Padula en la encrucijada |
| Asegura Euprepio Padula que la pintura para él es comunicación, luz, búsqueda y huida. Comunicación
en estado puro porque “es el reflejo de una instrospección con la que intento ser honesto conmigo
mismo y con los demás.” También es la luz que “se esconde detrás de las barreras que he ido
acumulando durante años y que a veces quiero romper y aniquilar”. Búsqueda, porque es el camino
cierto de “mis sentimientos e inquietudes”. Y huida porque es la distancia, “a veces dolorosa”,
donde el artista se siente atrapado de la realidad cotidiana. |
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| Fátima Rueda |
| La pintura de Fátima Rueda es como ella. Es decir, que pone tanto entusiasmo en la vida
como en la obra. Basta conversar unos minutos para que te contagie su entusiasmo,
su enorme vocación y una fuerza interior que la trasciende. |
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| Ferrater: “Mi pintura soy yo” |
| En su última exposición, Los niños de Benín, Jose Manuel Ferrater marca ya claramente cual será en
adelante su posicionamiento frente al arte y su concepción de lo que para él supone el lienzo en
blanco: “pintar -dice- es explicar cómo me siento. Estoy en plena, completa y continua evolución, lo
que dificulta definir mi estilo pictórico. Desde hace dos años mi pintura podría considerarse como un
expresionismo realista conceptual, igual que mi poesía, ya que ambas se retroalimentan”. Lo cierto es
que su obra de hoy es el fruto de un largo proceso de evolución que arranca con la fotografía y
culmina en la pintura, con parada y fonda permanente en la poesía como refugio del alma. |
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| Ginés Serrán-Pagán: el lenguaje del silencio |
| Asegura Ginés Serrán-Pagán que ni le importa lo que pinta, ni quiere saber el significado final de su obra.
Sólo tiene claro que a medida que el tiempo pasa, se hace cada vez menos preguntas y va dejando
de buscar respuestas. Tal vez por eso esté convencido de que la creación “es la vida misma” y de que
un cuadro no es un objeto que cuelga en una pared, “sino un fragmento de la vida del artista,
un trozo de la compleja contradicción de su existencia.” |
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| Gloria Pereda: Los espacios habitados |
| Nunca ha quedado clara la respuesta sobre si el artista nace o se hace. Lo que parece cierto es que algunos
están avocados irremisiblemente a ello. Y ése es el caso de Gloria Pereda, que por más atrás que vuelva la
mirada, sus imágenes infantiles siempre están preñadas de cuadros, pinceles, paletas, tubos... y el olor, ese
olor inconfundible de pintura fresca que lo envuelve todo. |
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| Gloria Torner: Elmar en lamirada |
| Quizá lo más acertado que se pueda afirmar de Gloria Torner es su compromiso total con el arte, su honda
vocación pictórica y su irrenunciable deseo de conocer y profundizar en las distintas corrientes del siglo. |
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| Gregorio Iglesias Mayo |
| Todavía hoy, cuando a Gregorio Iglesias Mayo se le pregunta por su primer recuerdo relacionado con la
pintura, asegura que tendría cinco o seis años cuando su padre le compró una pizarra en la que aprendió
muy pronto el significado de “tener y perder”. Y es que era tanto el sentimiento que volcaba en las líneas,
manchas y garabatos, que la tristeza le invadía cuando, para seguir pintando, tenía que borrar lo que ya
había hecho suyo. La pizarra se convertiría para él en una premonición de lo que sería su vida más tarde.
“Siempre ha sido igual -dice-. Tener para perder aquello que más has llegado a querer. En el plazo de cuatro
años perdí a mis padres y a mi hermana”. |
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| Hilario Bravo: la pintura como reflexión |
| Asegura José Manuel Ciria, también pintor y sin embargo amigo, que “si la obra inicial de Hilario Bravo viene
marcada por una permanente búsqueda de la belleza y de lirismo, la más reciente debe entenderse como
una expresión de profundidad espiritual, de sufrimiento metafísico, de existencia torturada y de grito”.
Y es que para este artista extremeño afincado en Madrid, la pintura ha sido siempre “un instrumento
del pensamiento. Una herramienta que sirve para comprender.” |
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| Ignacio Burgos: todo por la obra |
| La vida y la obra de Ignacio Burgos forman un todo tan compacto que es imposible entender una
sin la otra. Ni rastreando en su infancia se encuentra un desencuentro en una vocación materializada
en babi, papel y lápiz, mientras el resto de los niños jugaban en el patio del colegio. Después,
sus sucesivos escenarios vitales, Berlín, Nueva York, París, Casablanca y Madrid, han sido escogidos
en función de su trabajo, del impulso interior que le mueve a estar siempre “pensando pintando”.
Viajar y pintar han sido dos motivaciones continuas que han moldeado y definido su voluntad
de artista y que le han permitido aprender “antropología y sociología humana”. |
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| Irene Iribarren |
| Si hay algo evidente en la pintura de Irene Iribarren, es la vitalidad que comunica a toda su obra. Es una
prolongación de su inquieta personalidad, que se canaliza a través de distintas manifestaciones como el
grabado, el dibujo o la pintura. Y todas con igual precisión, técnica y sentimiento. Para ella pintar
significa emoción, placer, desesperación, angustia y alegría de vivir. Un universo interior que se
realimenta diariamente con la ilusión de seguir pintando. |
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| Javier Olayo |
| A poco que se contemple con atención la obra de Javier Olayo, la primera conclusión que se obtiene es que en
sus cuadros hay pintura. Y no es una boutade. Sólo la manifestación evidente de que cuentan con todos los
ingredientes necesarios para su consideración objetiva. Olayo traslada al lienzo su concepto vital, convirtiendo la
pintura en lenguaje, en vehículo imprescindible de canalización de sus inquietudes y en el proceso ineludible
que “materializa el mundo interior del artista, lo hace realidad, y lo proyecta hacia los demás”. |
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| Javier Ruiz |
| Artista sólido, con una obra conocida y reconocida y con un magnífico horizonte profesional,
Javier Ruiz mantiene intacta su rebeldía ante formas y corrientes. Detrás de cada una de sus obras
late una llamada a contemplar lo cotidiano más allá de la evidencia de las formas. |
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| Jesús Coyto: narrador de una época |
| Si prescindimos de la literatura que suele acompañar a toda creación artística, y obviamos de paso a los
críticos y comentaristas, más atentos siempre a su lucimiento personal que a la valoración objetiva de la
obra que contemplan, concluiremos en que Jesús Coyto pinta libremente lo que ve y cómo lo ve. Ello
le convierte en un pintor sin trucos ni artificios, técnicos ni mediáticos, más atento a la obra que a su
puesta en escena. Y ese es su gran activo y su mejor tarjeta de presentación. Su obra habla y respira por
él mismo, llama, y pide contemplación. Hay en ella un punto de nostalgia, de tiempo detenido, de
tarde de lluvia, que no deja indiferente. “La pintura -dice- es la comunicación entre culturas y el medio
narrativo que encadena épocas. Es el mundo más directo de expresión personal y vocacional”. |
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| Joaquín Santos-Suárez: El realismo mágico |
| Joaquín Santos-Suárez vive la paradoja de ser un pintor muy conocido y valorado en el mercado exterior,
singularmente en el anglosajón, y casi un desconocido en el nacional. La razón hay que buscarla en que su
vida profesional ha transcurrido prácticamente en Londres, con exposiciones individuales en la galería Duke
Street del marchante Derek Jhones, que se ha encargado de comercializar su obra en el mercado
internacional. Santos-Suárez es un pintor vocacional que ha crecido en la mejor escuela del realismo formal,
un término que el artista reconoce “lo suficientemente amplio para incluirme cómodamente en él”. |
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| Jon Landa: figuración moderna |
| Tiene este pintor nacido en Vitoria (1969) una natural facilidad para captar el pulso detenido de las
ciudades, de los paisajes y de todo lo que habita el ser humano. Lo dota de una luz especial, de un
trazo firme, y de una veladura que le hace inconfundible. Sabe establecer un diálogo con sus obras
que transmite al espectador, con el que comparte una atmósfera en la que no es necesaria ninguna
retórica añadida para su tratamiento del realismo. Un realismo distante, por igual, de los fotorrealistas
y de los hiperrealistas americanos. Él lo define como “una figuración muy moderna, basada en
manchas y con un resultado, a veces, muy fotográfico”. |
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| Jorge Maturana |
| Arquitectura, pintura y escultura configuran los ejes vitales y artísticos de Jorge Maturana. Nacido en
Santiago de Chile, reside en España desde 1982 y aquí ha realizado la mayor parte de su producción en
los tres campos. Todos juntos y por separado constituyen un lenguaje propio que el artista sitúa
próximo al expresionismo abstracto “por la intención de recrear a través de la interpretación”. |
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| José Luis Sánchez, investigador de lo real |
| A José Luis Sánchez le ha gustado siempre epatar a sus alumnos de Bellas Artes asegurando que la escultura
más representativa de nuestro siglo es el Concorde, porque “su autor -dice- es una compañía anónima y el
hombre ha sido capaz de hacerlo volar a una velocidad superior a la del sonido sin más plinto ni soporte que
el de la inmensidad del cielo. Y los que tengan -concluye- el prurito de considerar como arte tan sólo aquello
que roce el campo de la utilidad, se les podría tranquilizar diciéndoles que, además, no es rentable”. |
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| Juan Barreto, imaginación y libertad |
| A Juan Barreto le ocurre con la vida lo mismo que con la pintura, que no puede esquivarla,
ni ocultarla ni omitirla. De ahí que todo lo que hace tiene que ser transparente, compartido y próximo.
Es, pues, un pintor de afectos, de reconocimientos y de inquietud permanente. Su propuesta artística
está a caballo entre el pasado y el futuro, y ese debate interno lo resuelve siendo consciente
de que el éxito está en el tránsito y no en el destino. |
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Juan Béjar: “Como un bombón envenenado” |
| A Juan Béjar le sorprendió la vocación de pintar en la acera de la calle, en cualquier papel que caía en
sus manos y en la obsesión infantil de conocer el Prado. Su futuro estaba marcado, aunque en su
familia sorprendiese la apasionada vocación por el arte ante la dificultad de encontrar antecedentes
cercanos. Pero todo ello no le impidió avanzar ilusionadamente en una dirección que sabía difícil, pero
no inalcanzable. Hoy, cuando ha conseguido el reconocimiento general, mantiene intacta la ilusión de
niño y vuelve diariamente al lienzo en blanco con puntualidad y rigor espartano. |
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| Juan Gomila |
| Juan Gomila vive en un viejo y bullicioso barrio madrileño. Durante más de treinta años le ha sido fiel
a una casa grande y destartalada, en la que la pintura invade el espacio y lo habita en color, olor y
sabor. Es como un gran templo en el que el sacerdote sería innecesario a la vista de lo evidente del conjunto. |
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| Julio Balaguer: el alma frente al lienzo |
| Quizá algún día, cuando Julio Balaguer deje de huir de sí mismo, encuentre la razón última de la desolación
de sus personajes. En todo el paisaje artístico nacional es imposible encontrar un artista de unas
características tan definidas y con la firme resolución de no cambiar jamás. Su vida y su obra son el más fiel
exponente de una vocación irrenunciable y de una personalidad compleja, solitaria e independiente. Para él,
todo fuera de su mundo le resulta indiferente. Por eso sus personajes se parecen entre sí y reflejan la
soledad, la desolación y el volcán interior de su creador. |
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Julio Pellicer Amar la vida en piedra |
| Julio Pellicer es, sin duda, un artista a considerar, que acierta en lo fundamental (su obra) y se
confunde con lo accesorio (sus planteamientos del mercado). Así, sostiene, con convencimiento, que
el panorama actual de la escultura en España es espléndido “en creación y cultura, pero lamentable en
su utilización como oportunidad mercantil”. Al margen de lo discutible del aserto, lo remata con otra
afirmación no menos confusa “en el fondo me entristece que el arte se tenga que comprar y vender,
pienso que los artistas deberíamos ser trabajadores del Estado”. Es, sin duda, una postura personal
que el periodista respeta pero no comparte. |
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| Kim Falcó: cuando el color hiere la forma |
| Kim Falcó entiende la pintura como una pasión, como la capacidad de mostrar un mundo interior que
conmueva y que exprese la profundidad de sus sentimientos. Y en esa propuesta es radical y rotundo
“quien no lo vea así -dice- que se dedique a otra cosa”. Por eso su pintura es apasionada,
vitalista y sin concesiones al mercado. Se acepta o se rechaza con la misma pasión con que
se contempla. En suma, es un estallido de vitalidad y riesgo. |
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| Manuel Marín: la escultura en movimiento |
| Dice Manuel Marín que nació en Cieza, Murcia, España, en 1942 y que su primer pálpito, de niño, fue
ser torero. Años después, apenas con dieciséis, la llamada de la sangre le llevó a compartir ruedo y
miedo con algunos de los grandes de la época. En los carteles vivió tardes de historia con Chicuelo
Segundo, Pedrés, Montero, el suicida Miguelín, el mediático Jaime Ostos -más atento en aquella época
al toro que a las televisiones- y un Manuel Benítez “El Cordobés” al que se le atribuye la promesa
hecha a su hermana de que o le compraba una casa o llevaría luto por él. Marín cambió el capote por
la escultura, y se juró que sería alguien en el mundo del arte y lo ha conseguido. Con esfuerzo y lucha,
como corresponde a quien sabe lo que quiere, buscó un camino alternativo y lo encontró en la
escultura, que es otra forma de vivir y sobrevivir tan arriesgada como el traje de luces. |
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| Marc Castelli: con toda la mar detrás |
| Asegura Marc Castelli que la pintura es su razón de existir, lo que le permite expresar la admiración
y el respeto que siente por todo lo que le inspira. Para él “es difícil encontrar palabras que definan lo que
he estado haciendo toda mi vida. Igual que otros artistas no creo en la palabra escrita porque rara vez
reflejan la verdadera naturaleza del arte”. Y es que este pintor, de inmejorable factura, suscribe sin reparo
la afirmación de Marc Chagall de que “para ser artista lo primero es cortarse la lengua”. |
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| María José Chapatte: Una mirada interior |
| Quizá porque en su entorno familiar el arte era una constante, su padre no quiso aceptar la vocación
temprana de María José Chapatte por la pintura. Pero la oposición paterna no fue suficiente para frenar una
decisión firme que se materializó después de su paso por Arte y Decoración, “huyendo -dice- de una
probable carrera de Derecho”. Lo cierto es que para esta artista la pintura no sólo ha cambiado su enfoque
de la vida, sino que la ha acostumbrado a mirar todo “con ojos de pintor y a resignarme al atropello que
significa el caos que nos rodea. Me ha aportado resignación y escape”. |
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| Mario Pasqualotto |
| Formado en el campo de la arquitectura, Mario Pasqualotto fue viendo cómo el estudio de los
materiales, los procesos constructivos y las nuevas tecnologías se encontraron con su verdadera pasión,
la pintura, hecho que le ha ido llevando a una obra que está en los límites entre la pintura y la
escultura. Nacido en 1953, reparte su actividad entre su Barcelona natal, Nueva York y Milán, la ciudad
de su rama paterna. En sus creaciones refleja su preocupación por la luz en su sentido más simbólico. |
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| Martín Burgos: Los colores sonoros |
| Aproximarse a la obra de Martín Burgos supone compartir su coherencia artística e intelectual. Ambas
conviven en armonía con el fondo constante de la música del compositor francés Olivier Messiaen, al que el
pintor no duda en rendir tributo de admiración y compañía. Y en ese entorno Martín Burgos ha levantado una
obra que se comunica de su energía y de su pasión por la vida. “La pintura -dice- puede expresar con enorme
contundencia y trascendencia la complejidad de nuestra existencia, a veces con un simple gesto, otras con
procedimientos más complejos, pero ambos igualmente válidos”. |
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| Martín Burguillo: independiente, auténtico y con futuro |
| Con una obra bañada de ingenuidad, muy cuidada y en permanente búsqueda de nuevas formas de
expresión, este pintor madrileño es hoy una apuesta segura. |
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Martín de Vidales: La veladura como denuncia y testimonio |
| La primera sensación que produce la obra de Juan Carlos Martín de Vidales es el rigor en el concepto
y la ausencia de improvisación. Su formación humanista, su depurada técnica y el afán de captar la atención
inmediata del observador, trasladándole a su mundo interior, le convierten en un artista singular más atento
a la calidad de su obra que a la proyección social y mediática. Profundamente impresionado
por los atentados terroristas de las Torres Gemelas de Nueva York y de la estación de Atocha de Madrid,
Martín de Vidales ha dedicado su última muestra a recoger en el lienzo “los campos de desolación”
y “las nubes de insidia”, a los que se refiere el artista en los poemas que acompaña a cada obra,
intentando una fusión inseparable entre la palabra y la pintura. |
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| Martín Simón: El compromiso social |
| Si a partir de la nada todo es territorio, a veces la única forma de encontrar el camino es el movimiento
continuo. Algo parecido a montar en bicicleta, ya que habitualmente quien deja de pedalear se cae. Y es esa
capacidad de adaptación y cambio la que ha marcado la vida de Martín Simón. Un artista formado en la
escuela de la observación y el esfuerzo que tiene en sí mismo su principal crítico. |
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| Monteagudo: la vida a través de los colores |
| Quizá la característica más destacada de Philippe Monteagudo es la rabiosa independencia con la que
ha abordado su vida y su producción artística. De ahí la dificultad de rastrear influencias en su obra y
de adscribirle a alguna corriente o escuela pictórica. Tampoco le preocupan las modas ni las tendencias
que marcan los grandes centros internacionales como Nueva York, París o Madrid. Está convencido de que
se puede ser “creativo e innovador y estar aislado o exiliado en un pequeño pueblo de Castilla La Mancha
y en mitad del campo. No entiendo -dice- que exista gente que no haya visto nunca una gallina, ni que haya
olido el hedor de las mieses. Lo propio del hombre es no perder su entrañamiento con la naturaleza,
como ha ocurrido durante miles de años. Yo he vuelto a ella y no la abandonaré jamás”. |
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| Narváez Patiño |
| A Narváez Patiño le ocurría lo mismo que a Picasso, que la inspiración le llegaba
siempre trabajando. Basta asomarse a su obra para comprobar que convierte en pintura las cosas,
que la intimidad le trasciende y que es capaz de compartir sentimientos,
impulsos e intenciones con una fuerza expresiva nada frecuente. |
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Olga Copado En busca del equilibrio constante |
| Si a los soldados el valor se le supone, a los artistas sus obras los definen. Sólo hace falta saber mirar,
educar el ojo en multitud de batallas para distinguir entre todo un ejército a un soldado decidido o
entre una multitud a un artista con futuro. Ése es el caso de Olga Copado. Su obra se nutre de estilos e
influencias diversas pero no es gregaria de ninguno. Tiene el suficiente pulmón para respirar sola, para
ser muchos y a la vez independiente, distinta y distante, una propuesta joven con futuro. Con intención
o sin ella, combina con acierto influencias reconocibles, tendencias y modos que han marcado épocas,
pero las sobrevuela sin pretensión, sin vampirizarlas, con marca propia y una vocación que desborda. |
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| Oyonarte |
| Si la curiosidad le ha sido dada al hombre para diferenciar su mirada de la de los animales, a Oyonarte
le sirve para distinguirse de otros pintores. De ahí que utilice la pintura como una forma clara y
rotunda de autoconocimiento, de autoestima y de autoafirmación para transmitir ideas, sensaciones
y sentimientos y de proyectarlos y provocarlos en los demás. |
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| Pablo Sanguino |
| La prueba evidente de la inquietud artística de Pablo Sanguino es la variedad de registros con los que
canaliza su obra y educa su espíritu. Dibujo, óleo, cerámica, ilustraciones, diseños, carteles, todo cabe
en este toledano militante, oriundo de Puente del Arzobispo, educado y crecido a la vera del Tajo, del
que ha obtenido cobijo e inspiración para mantener una actitud constante de aprendizaje, investigación
y experimentación que le convierte en un artista versátil, prolijo e interesante. |
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| Santiago Ydáñez: salvaje y teatral |
| A caballo entre el desgarro, la sorpresa, la indignación, la ironía y cuantos calificativos quepan en un
lienzo, Santiago Ydáñez ha levantado una obra de imposible indiferencia. Una propuesta total, de muy
arriesgada factura, ante la que no tiene cabida la tibieza ni el desapego. Sus cuadros atraen como un
imán o se rechazan con la misma dicacidad, pero nunca se trasiegan como un vaso de agua. Ydáñez ha
hecho de la provocación una ruleta y ha acertado el pleno. |
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| Trinidad Fernández |
| Aproximarse a la pintura de Trinidad Fernández es iniciar una aventura de sensaciones, colores, formas,
espacios y sentimientos, con los que pretende plasmar su universo particular. Es como una catarsis compartida
en la que esta artista asturiana intenta vaciarse y “volver a llenarme de inmediato”. De ahí que para ella pintar
sea algo apacible, cotidiano, alejado de la rutina y, en sus propias palabras, “un privilegio y una suerte”. |
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| Vega de Seoane |
| De su pintura dice Eduardo Vega de Seoane que es “colorista, desgarrada, más abstracta que figurativa”
pero sin renunciar tampoco a “toques figurativos”. También que espera que sea “sugerente”.
Lo cierto es que para el espectador la combinación de todos estos elementos se traduce en una atracción
hacia la explosión de color y de formas que componen el cuadro. Es éste un artista singular
que ha convertido su obra en la forma más natural de manifestarse con el mundo exterior. |
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| Willy Ramos |
| Asegura Willy Ramos que respirar, vivir y pintar para él es exactamente lo mismo. Que no sabe lo que
significa pintar, pero que no podría seguir adelante sin estar constantemente “manchando papeles y telas”.
Y es que la aventura vital y artística de este pintor colombiano no se entiende sin esa voraz vocación que
arranca en su Pueblo Bello natal cuando, ayudado por el misionero capuchino José Gómez, viaja a España
e ingresa en la Facultad de Bellas Artes de Valencia, donde se doctora e imparte enseñanza desde hace
años. De sus primeros tiempos en España recuerda sus copias de Murillo y de Annibale Carracci, y los
tremendos problemas económicos que no consiguieron doblegar su voluntad creadora. |
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| Xavier Medina-Campeny: el bronce en la sangre |
| Una corriente continua de evolución y una gran coherencia artística, además de una indudable
perfección técnica, presiden la obra de este escultor catalán, que expone hasta primeros
de marzo en la galería Juan Gris de Madrid. |
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