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CARTA DEL EDITOR
Tontos de guardia

Confundir las partes con el todo es una práctica poco saludable y habitual entre ignorantes, malintencionados, interesados varios y arrebatacapas de distinto género, linaje y condición. Políticos y algunos periodistas la practican con fruición y buenos resultados. De ahí que resulte especialmente rijoso que, nacional e internacionalmente, se publiquen noticias que alaban la situación benéfica del mercado del arte atribuyéndole rentabilidades del once por ciento en el ejercicio anterior “superando la retribución de las bolsas por segundo año consecutivo”.

¿De qué mercado hablan? Del arte, país a país, por supuesto que no. Y si se refieren a Londres o Nueva York, que lo aclaren y no generalicen. En ningún mercado rige la máxima de pan para todos. A la confusión general contribuyen, con singular acierto, el índice Mei Moses All Art que se apoya en otro más dudoso como el S&P 500 de bolsa, o el S&P Casa Siller inmobiliario, para demostrar que la inversión en arte es la más rentable. Y lo puede ser, sin duda, pero sólo para algunos y en determinadas circunstancias y con seleccionados artistas. No es rancho.

Es evidente que el arte, como los valores en bolsa o los activos inmobiliarios, se calientan. Hay gestores especializados en poner en valor determinados artistas y subir su cotización. A ello se suelen aplicar con singular soltura, utilizando el tambor cómplice, ignorante o interesado, profesionales del sector y algunos medios de comunicación.

Ahora si sube el arte chino, que sube, es porque los nuevos ricos asiáticos lo reclaman y lo pagan. Si uno de los grandes cuadros de Ray Lichtenstein (I Can See the Whole Room... and There’ s Nobody in It) generó

Como en la bolsa, en el arte hay gestores especializados en subir la cotización de determinados artistas

beneficios de más de cuarenta millones de dólares para su vendedor que lo había adquirido por dos millones en 1988, o el Símbolo del Dólar de Andy Warholl, vendido en 700.000 dólares cuando había sido comprado veintetrés años antes por 23.000 dólares, sólo demuestran la enorme capacidad del ser humano para el derroche y la ostentación. También evidencian que las cosas valen lo que alguien esté dispuesto a pagar por ellas. En consecuencia, nada que objetar.

En cualquier caso, todo ello no constata ni demuestra la realidad de un sector. Y menos lo generaliza. Son situaciones aisladas y puntuales de determinados mercados y de casas de subastas privilegiadas. Aquí en la piel de toro se lucha el día a día y sobrevivir es bastante. Y muy meritorio.

  

cartasaleditor@subastassigloxxi.com 

 

  

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5 de Febrero de 2012
 
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