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Una indecencia
La venta del “Hombre que camina I” de Giacommetti ha supuesto un nuevo récord mundial de venta en subasta al rematarse la pieza en 74,2 millones de euros. Hay, por tanto, que felicitar a Sotheby’s como sala, al subastador por su habilidad al dirigir la puja y al vendedor por embolsarse tan magra cantidad.
¿Y qué decir del comprador? Primero, que como casi siempre su nombre queda en el limbo del silencio o en la nebulosa de las especulaciones. Y segundo, que está bastante ausente de decencia y de sentido común.
Desde SUBASTAS siglo XXI siempre hemos defendido al mercado del arte y a sus agentes y hemos apostado por su continuidad y crecimiento, pero parece evidente que en una situación económica como la que atraviesa el conjunto de la economía mundial, con las cifras de paro crecientes, cierres patronales continuos y un horizonte no precisamente despejado, es indigno e injustificable hacer ostentación económica de algo perfectamente prescindible.
Cierto es que cada uno con su talonario puede hacer lo que quiera, pero ¿se ha planteado alguien las posibilidades económicas y sociales que permiten 74,2 millones de euros? Aquí habría que abrir un debate sobre si estamos ante una crisis económica de incalculable alcance o ante el derrumbe de los más elementales valores.
No hay dinero para ordenar la economía mundial y corregir su rumbo, y sobra para saciar la vanidad de un multimillonario caprichoso que puede permitirse el lujo de colocar en un rincón la obra de un artista de prestigio indiscutible.
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