El surrealismo parece estar últimamente de moda en el Reino Unido con exposiciones como la titulada "La Casa Surrealista", del centro Barbican de Londres, o la dedicada a Leonora Carrington y Remedios Varo, en la Pallant House Gallery, de Chichester. A partir del próximo fin de semana se suma a ellas -y a otras anteriores como Ángeles de la Anarquía, en Manchester- la bautizada "Otro Mundo": Dalí, Magritte, Miró y los Surrealistas, en la Dean Gallery, de Edimburgo, que forma parte de las Galerías Nacionales de Escocia.
Es como si en cierto modo el mundo artístico británico quisiera resarcirse de la falta de interés con el que ese movimiento fue acogido en un principio en un país por aquellos años reticente a las vanguardias de la Europa continental. Con raíces en el movimiento Dadá, el surrealismo se lanzó oficialmente en París en 1924 con el Primer manifiesto surrealista, pero no encontró casi eco en Gran Bretaña hasta 1936, año en el que se creó en este país un grupo surrealista y se organizó en Londres la primera exposición de ese movimiento.
Hasta ese momento, tanto los artistas como los museos y galerías británicos se habían mostraron más bien reacios al nuevo movimiento promovido por el grupo en torno a André Breton. La primera obra surrealista en entrar en una colección británica fue el tríptico El Filósofo, del italiano Giorgio de Chirico, que gracias a una donación pasó en 1931 a formar parte de la Whitworth Art Gallery, de Manchester.
Según explican los comisarios de la nueva exposición, la primera obra de un surrealista en quedar incorporada a las Galerías Nacionales de Escocia fue una atípica del francés André Masson titulada Río en Invierno, adquirida en 1967. Poco a poco entraron otras mucho más importantes como una escultura fundamental de la etapa surrealista de Giacometti titulada Mujer degollada, adquirida en 1970; el ominoso cuadro "Le Drapeau Noir", de René Magritte; Pintura, de Miró, o el Gran Amante I, de Max Ernst.
Todos esas obras, junto a otras procedentes de distintas colecciones, integran la exposición de Edimburgo, que el público podrá visitar hasta el próximo 9 de enero. Hay entre ellas un interesante ejemplo del período cubista de Picasso, titulado Desnudo en la Playa, de 1932, que el español pintó en Boisgeloup (Normandía).
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