Coinciden, al comienzo de la temporada artística madrileña, en pleno otoño, con una diferencia de un mes, dos grandes exposiciones rotuladas bajo la enseña mediática del impresionismo, un estilo en principio primaveral.
La primera, más lacónica de enunciado, aunque también más contundente, titulada Pasión Renoir, que se exhibirá en el Museo del Prado entre el 19 de octubre y el 6 de febrero la segunda, rotulada con la sugerente y espectacular convocatoria de Jardines impresionistas, aunque, como veremos, de alcance más en efecto impresionístico que real, que podrá verse entre el 16 de noviembre y el 13 de febrero en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.
Se trata de una feliz coincidencia para mostrarnos cómo se vive paisajísticamente la naturaleza en nuestro atribulado mundo urbano contemporáneo.
Es muy probable que desde el punto de vista museológico, la muestra de Renoir tenga un peso específico mayor, pero eso no significa que una revisión aleatoria de la pintura occidental de ese periodo tocando el tema de la interpretación de los jardines podamos considerarla comparativamente como una exposición menor.
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