El MOMA retoma desde el próximo domingo hasta el 28 de junio la relación con uno de los grandes padres de la fotografía moderna, seis años después de su muerte. Cerca de 300 imágenes en blanco y negro, captadas entre 1929 y 1989, y medio centenar de revistas originales componen la primera gran retrospectiva póstuma del trabajo de Cartier-Bresson que viajará posteriormente al Art Institute de Chicago y el San Francisco Museum of Modern Art.
"Esta es la primera muestra independiente", explica Peter Galassi, encargado de la muestra y comisario Jefe del Departamento de Fotografía del MOMA. "Hasta ahora él estaba vivo y participaba activamente en el montaje y selección, como todos los fotógrafos. Pero él ya no está aquí así que se trata de otro punto de vista, el mío". Galassi autor del texto del catálogo -publicado en español por La Fábrica- ha invertido tres años en la búsqueda y selección de las obras. Más de 200 han sido prestadas por la Fundación Cartier-Bresson y cerca de 60 imágenes nunca antes habían sido mostradas.
A la entrada de la exposición cinco grandes mapas trazan el incansable peregrinaje de Cartier Bresson por medio mundo. El montaje de la muestra no sigue un orden cronológico sino más bien temático, explorando su trabajo de tono surrealista de los años 20, su trabajo para la prensa o su faceta como retratista. La muestra se detiene en dos ensayos fotográficos sobre China y Estados Unidos -el país que Cartier-Bresson fotografió más veces después de Francia y cuyo trabajo no es muy conocido-, que permiten apreciar el hilo narrativo de las historias fotográficas.
Henri Cartier-Bresson: The Modern Century subraya la doble vertiente de artista y fotoperiodista que recorre el trabajo del fotógrafo, siempre curioso ante la vida corriente, a pie de calle. Las imágenes que captó con su Leica evolucionaron desde el surrealismo hacia la actualidad y el mundo circundante sin perder nunca un singular punto de vista, cargado de humanismo.
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