Lo único bueno que ha traído la crisis ha sido un reajuste de precios que debería encandilar al
comprador. Por un lado, se ha ralentizado el imparable y no siempre justificado ascenso del arte
contemporáneo. Y por otro, han bajado considerablemente los precios de las antigüedades de calidad.
Las subastas de mayo, un mes pródigo en convocatorias, ofrecen este año un abanico de posibilidades
que no debería dejar indiferente al inversor en arte. Ahora más que nunca es el momento de comprar.
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