Isabel II, hija de Fernando VII y María Cristina, sube al trono de España en 1843 para imprimir su personal
sello no sólo en el devenir político del país sino también en la forma de decorar sus palacios, de vestir de
su Corte y de adornarse. Las joyas de este reinado, que fueron símbolos del prestigio social en la época,
son hoy una compra habitual gracias a la profusión de ricos materiales y diseños exuberantes.
Desde 100
euros por una sortija con un sencillo dibujo floral a los 5.000 de una gargantilla con diamantes y
esmeraldas de mediados del XIX, abarcan cualquier presupuesto. Son joyas sin fecha de caducidad.
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