Para Estartús (Jaime Mestres Estartús, Barcelona, 1949) pintar y vivir es la misma tarea, el mismo afán. No hay barreras en esa unión indisoluble que tiene “una determinación genética”. Cree firmemente que el artista nace, no se hace, aunque “el grado de habilidad para la ejecución de una obra sí puede ser enriquecido o madurado por una formación artística o intelectual más o menos académica”. Por eso no es casualidad que a los tres años comenzara su aventura pictórica garabateando las paredes del domicilio familiar y que su regalo favorito fueran las cajas de lápices y tizas, que le proveían con ternura femenina sus abuelas materna y paterna.
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