En el mundo del arte competir con la pintura siempre ha sido una dura tarea. Pero en esa lucha por
inmortalizar momentos irrepetibles y fugaces, la fotografía se convirtió en una alternativa y encontró el éxito.
Nacido a la sombra de la hegemonía de óleos y grabados, este mágico arte ha sabido ganarse un lugar
destacado en la oferta del mercado en todos sus frentes.
Los espectaculares álbumes de viajes de Clifford, las
imágenes costumbristas de Ortiz Echagüe o el fotoperiodismo de Centelles invitan a un coleccionismo que
se afianza de forma lenta pero segura, y lo mejor: no sólo es apto para bolsillos privilegiados.
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