Desde que en diciembre de 1999 salió a la calle el primer ejemplar de SUBASTAS SIGLO XXI, nuestra apuesta ha sido siempre la misma: el arte como inversión. Y esa apuesta tiene aún mayor validez cuando las tormentas descargan sin piedad sobre los sistemas financieros de los países más desarrollados.
Quedarse en casa a esperar que escampe no es una buena práctica, porque el mercado sigue moviéndose y no conviene perder ningún tren. Mejor que cualquier depósito es la compra en precio de una obra de arte en cualquiera de sus manifestaciones: quienes invirtieron bien en su día pueden hoy dormir tranquilos.
Y si no, que se lo pregunten al presidente y consejero delegado de Lehman Brothers, quien para sobrevivir a la quiebra del banco venderá este mes en Nueva York una parte de su colección de arte moderno (aunque aún conservará casi un centenar de obras que su esposa, vicepresidenta del MOMA, fue adquiriendo en subastas desde principios de los ochenta).
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