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Hablar de rentabilidad en el arte no es nuevo, pero sí interesante en estos tiempos de crisis. Algunos casos lo demuestran claramente. En Octubre de 2006 y en Madrid, superó el millón de euros un Barceló comparable a otro que cambió de dueño por cien mil euros seis años antes. Este verano un Tàpies se remató en Londres por encima del medio millón de euros (el mismo cuadro por el que habían pagado un veinticinco por ciento menos ocho años atrás), mientras una obra de Antonio López superó todas las marcas de arte español al adjudicarse en un millón y medio de euros. En otoño, Manolo Valdés volvió a demostrar su pujanza con la venta en Madrid de una obra de finales de los ochenta por medio millón de euros. También Juan Uslé ha multiplicado por diez sus precios en los últimos años. Y son sólo cinco ejemplos.
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